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Los alemanes y la ciudad Atenas de Cuba

por Wilfredo Alayón*

La Habana, 28 nov- La occidental ciudad de Matanzas, conocida desde el siglo XIX como la Atenas de Cuba, fue fundada el 12 de octubre de 1693 por una treintena de familias procedentes de Islas Canarias, España.

La influencia de la nación española, no sólo aquí, sino en toda la isla, es enorme, en tanto también destaca y es reconocido el aporte de Francia a esta urbe, ubicada a 100 kilómetros al este de La Habana.

Sin embargo, una reciente visita a esta tricentenaria villa de empresarios alemanes, interesados en explorar negocios con sus homólogos locales, posibilitó un acercamiento a la presencia germana en la región.

Aunque la primera llegada de alemanes a Matanzas se registra en 1818, no es hasta tres décadas después cuando la huella de esos laboriosos europeos se siente con fuerza.

Según explica a Prensa Latina Carlos León, especialista de la oficina del conservador de la ciudad (OCM), es en 1837 cuando arriban a estas tierras Alfred Cruger y Benjamín H. Wright, ingenieros en ferrocarriles.

Cruger y Wright participaron en el trazado de la línea Habana-Güines y, por estos lares, estaban comprometidos con el desarrollo del ferrocarril entre esta localidad cabecera y el poblado de Sabanilla.

A propósito, Cruger falleció en esta demarcación a consecuencia de un accidente durante los trabajos de excavación para fijar los rieles para el llamado caballo de hierro, aseguró el historiador Arnaldo Jiménez de la Cal.

Este calificado especialista germano está considerado el primer constructor ferroviario en la mayor de las Antillas, y por extensión en Matanzas, obras calificadas en su época como maestras de la ingeniería.

Alberto Tamayo, jefe de relaciones públicas de la OCM, expresa que, con el comercio, estaban muy relacionadas en esa centuria las ciudades de Matanzas, Cárdenas y Hamburgo, unidas por estratégicos puertos

Tres hechos marcan la etapa entre 1842 y 1870; en el primero de esos años el comerciante Broderus Albers, asentado en la villa matancera, recaudó dinero para los damnificados de un incendio que afectó grandemente a Hamburgo.

El segundo de ellos es que en 1869, Emilio Ziegler fue nombrado como primer cónsul alemán en Matanzas y, un año después, Federico Ballmand abrió un negocio de exportación de azúcar con destino a la mencionada rada alemana.

ACUEDUCTO, FÁBRICA DE JARCIAS Y CULTURA

En 1872 quedó inaugurado el acueducto de Burriel, primero en la cabecera provincial, que fue construido por Heydrich y Cia, cuyo presidente, Fernando Heydrich Klein, recibió una licencia de explotación de la edificación hidráulica  por 40 años.

Un septenio después, Fernando se retira del negocio y lo sucedió su hijo Roberto, quien vivió el resto de sus días en una mansión edificada para su familia en las llamadas Alturas del barrio Simpson, de Matanzas.

Muy vinculada al surgimiento de la industria del henequén (planta para fibras textiles) está la firma Raffloer Erbsich, que construyó en la localidad la conocida como fábrica de jarcias.

En su momento, remontado a 1903, fue la primera de su tipo en América Latina, precisan León y Tamayo.

Un sector que no escapó a la influencia de los teutones fue el cultural, pues en 1856 Oscar Held inauguró el primer laboratorio fotográfico y de grabados, mientras que Otto Drop costeó el monumento al soldado Mambí Desconocido.

Precisamente en 1838 la familia de Guillermo Schwyer Renik se asentó en esta ciudad, y fue aliada de nuestras luchas independentistas contra la corona española, pues integrantes de ese núcleo participaron en la Guerra de Independencia.

Un hecho curioso es que en 1842 se estrena en Leipzig El conde Alarcos, obra teatral de José Jacinto Milanés (1814-1863) poeta, dramaturgo, ensayista y uno de los principales cultivadores del drama romántico en lengua española.

GUNDLACH, EL CIENTÍFICO

El eminente zoólogo Juan Cristóbal Gundlach Rederg llegó a territorio yumurino en 1839 y, un bienio más tarde, se radicó en el cafetal San Juan, cerca de la costera Cárdenas, donde fundó un museo zoológico con la ayuda de la familia Diago.

Fue el biólogo extranjero más destacado residente en Matanzas en el siglo XIX, asegura un prontuario confeccionado por Jiménez de la Cal.

Exploró la Ciénaga de Zapata, importante humedal del sur provincial y, en 1844, descubrió cerca de la municipalidad cardenense el ave más pequeña del mundo a la cual llamó Calypre helenas, acota el texto.

Además, estudió los moluscos, crustáceos, insectos, anfibios, reptiles y mamíferos cubanos, y mereció que el 26 de mayo de 1861 se le designara Miembro de Mérito de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana (Acmfn).

Ostentaba la condición de Socio Corresponsal de la sección de Ciencias Físicas y Naturales del Liceo de Matanzas, elegido en 1865, y pertenecía a la Sociedad Económica de Amigos del País y a otras instituciones americanas y europeas.

La reseña de Jiménez de la Cal subraya que Gundlach dio a conocer 13 trabajos en los Anales de la Real Acmfn y en otras revistas científicas de Cuba y el Mundo.

Entre sus publicaciones sobresale Contribución a la ornitología cubana (1876) y, tras residir medio siglo en Matanzas, se trasladó a la capital, donde murió pobre y olvidado, pese a su contribución al acervo científico cubano e internacional.

(PL)

 

Editado por Maria Calvo
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